El Museo Arqueológico que se convirtió en una antigualla

Es por nosotros conocido el renombrado Museu Arqueològic de Catalunya, en este caso, la sede en Barcelona. ¿Cómo? ¿Qué decís? ¿Que por vosotros no, y eso que sois vecinos de Barcelona de toda la vida? Bueno, es normal, su situación alejada en las faldas de Montjuïc junto a l’Institut del Teatre y el Teatre Grec en el barrio de Poblesec hacen que esté un tanto en un punto negro del turismo que masifica la Ciudad Condal. ¿Qué? ¿Que sois vecinos del barrio de Poblesec de tres generaciones atrás y en vuestra vida habíais oído hablar de que hubiera un museo arqueológico más allá de “eso que hay en la Plaça del Rei” en el Casco Antiguo? Vaya. No nos extraña.

Eso que hay debajo de la Plaça del Rei es una de las sedes del Museu d’Història de la Ciutat.

Por mucho que se le intente dar importancia y por mucha retroalimentación que se le haga al Museu Arqueològic de Barcelona (es así como se llamaba antes del 95, cuando pasó de la Diputación a la Generalitat), cuya sede es el antiguo Pabellón de Artes Gráficas construido a raíz de la Exposición Internacional de Barcelona en 1929; éste no sale del conocimiento más allá de su ámbito científico y de la gente verdaderamente interesada en ello que decide hacer turismo cultural.

El Pabellón de Artes Gráficas de la Exposición Internacional del 29.

¿Pero y la gente de a pie? Digamos, la gente que jamás se ha interesado por la arqueología, pero que si le pones una calavera delante se quedan maravillados y comienzan a interesarse. ¿No debería ser ese el objetivo a perseguir por todo museo? Llegar a interesar al público que no está interesado define un buen museo. Y, el arrinconado y olvidado Museo Arqueológico de Barcelona, dudamos mucho que haya visto alguna vez las colas que hubo en Madrid, tras la reinauguración del Museo Arqueológico Nacional o las que tiene cualquier otro museo arqueológico en las ciudades más importantes.

Recopilación de objetos y poco más.

De acuerdo, quizá parte de la culpa sea de la Generalitat, pues lo tiene “arrinconado”, en un lugar difícilmente accesible en transporte público (pasa un bus cada media hora que recorre los barrios de Poblesec y Sant Antoni, así que nada de Plaça Espanya o Catalunya…) y para llegar desde el MNAC, a escasos cinco minuts andando, hay que saber dónde está y cómo llegar porque te han llevado antes, que sino ni eso.

Vale, estoy aquí. ¿Y ahora qué? ¿Para dónde tiro?

Y luego está el tema crucial, el desencadenante de este post que es un grito a la indignación, una proclama de impotencia y el intento de una chispa para el cambio: el precio de la entrada. Vale. Digamos que para “los mortales”, la entrada cuesta 4.5€, lo cual no es caro en comparación con otros museos y además hay muchas oportunidades para ir gratis, pero lo que no vemos lógico es que los estudiantes de arqueología, sea de la universidad que sean, debamos pagar por entrar a ver una pieza en concreto del Museo para su estudio, o que debamos pagar por entrar. ¡Por favor! ¡No tiene el mínimo sentido!

Este señor dice que le ha merecido la pena pagar.

Otra cosa que debe hacerse en el Museo, urgentemente, es una revisión de toda su exposición, con aspectos de género y actualizando datos desde otras interpretaciones y perspectivas, así como una muy necesaria reordenación de sus piezas y su consecuente difusión en el contexto turístico masivo que vive Barcelona, pues como decimos en el título, el Museo Arqueológico se ha quedado anticuado y se ha convertido en una antigualla.

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